Hoy os vamos a hablar de que son los bloqueos y como el coaching nos ayuda … y es que a todos nos ocurre que se nos resiste algo constantemente, y quizás has intentado conseguir avanzar y no lo consigues… eso ocurre cuando tenemos un bloqueo interno.

Qué es un bloqueo

Un bloqueo es algo que nos impide llegar desde donde estamos hasta el lugar que quieres llegar. Normalmente son irracionales, y nos cuesta entenderlos, pero a la persona en sí, le impide avanzar… de hecho, suele ir acompañado de expresiones como “sé que es lo mejor pero no puedo” …

Estos bloqueos pueden ser a diferentes niveles, a nivel de pensamiento, con pensamientos como “sí se puede conseguir pero yo no me veo capaz”, o incluso de merecimiento “si se puede conseguir, si soy capaz de hacerlo pero no me lo merezco” ….  También puede ser a nivel de emoción, emociones como el miedo, la incertidumbre, o sentimientos o emociones como la frustración, ira, rencor…

Siempre que nos encontremos ante un bloqueo emocional lo primero que tenemos que hacer es ir a la raíz y buscar para qué está aquí esta emoción. Y también puede ser un bloqueo a nivel de comportamiento, aquí hablamos de comportamientos, como hábitos no saludables, la comodidad de estar en nuestra zona de confort … como por ejemplo, “quiero hacer ejercicio” comienzas fuerte pero al tercer día ya no lo haces…. estos son autosabotajes que nos hacemos… aquí por un lado está mi yo que sí quiere y mi yo que me impide avanzar… y aquí podemos reajustar el objetivo.

El papel del coaching en los bloqueos

El coaching ayuda a resolver los bloqueos y también ayuda a que los veas, porque hay veces que ni nos damos cuenta de que está ocurriendo… es como las creencias, están muy arraigadas en cada uno de nosotros y cuesta ver que lo que creemos es lo que determina nuestra manera de actuar. (Si yo creo que no puedo hablar en público, haré todo lo posible por no hablar en público).

Todos los bloqueos tienen una intención positiva, como puede ser evitar salir de la zona de confort; por un lado, decimos que queremos una situación en concreto y por otra hay un miedo, una creencia o un beneficio oculto que tira de nosotros en sentido contrario… y nos quedamos en ese estado en el que no somos capaces de avanzar, imagina por ejemplo que quieres “dar un paso más en tu trabajo, quieres ascender… pero no haces nada para crecer, para dar ese paso”… aquí tu pensamiento tiene un deseo de conseguir algo, que sería tu yo que si quiere y también el yo que impide avanzar, por lo que aquí a través del coaching se puede averiguar qué es lo que te impide avanzar.

El coaching te ayuda a identificar esos bloqueos, esas dificultades que como decimos de una manera u otra te impiden avanzar, te ayuda también a explorar para poder entender el por qué está aquí ese bloqueo, ¿qué pensamientos surgen? ¿qué emociones te están impidiendo avanzar? Y te ayuda a transformarlos para poder ponerte en acción.

Y es que si queremos obtener distintas respuestas hay que hacerse preguntas diferentes, porque hasta que no abordes tu conflicto de raíz, seguirá condicionando tu vida, puedes hacerte autocoaching preguntándote ¿para qué está aquí ese bloqueo? ¿de qué te protege?  Explorando el bloqueo con preguntas como: ¿qué pensamientos te alejan de tu objetivo? ¿qué emociones te paralizan? Transformarlo, visualizando que lo has conseguido ¿qué haría si tuviera la seguridad de que no voy a fracasar? ¿Cómo lo harías?

Por supuesto, también es importante la actitud que tengas ante la vida, antes las situaciones que nos surjan…adquirir una actitud de responsabilidad, de responsabilizarnos porque podemos echar “balones fuera”, echar la culpa de lo que nos sucede a nuestro jefe, a tu amigo o amiga, al gobierno, a lo que sea y es cierto que así nos da como cierta “liberación” y es cómodo, te quita responsabilidad…. Pero, aquí ¿qué es lo que pasa? Que estamos dejando que “algo o alguien externo” sea lo que sea maneje nuestra vida… … por tanto, estamos esperando que esto externo venga a cambiar lo que no nos gusta, o lo que nos paraliza… y esto significa que estamos atascados en la situación, porque no podemos cambiarlo, por eso , es importante que tengamos una actitud de “yo soy responsable de lo que pasa en mi vida”, y cuando adquieres esta actitud te das cuenta de que estos bloqueos vienen de ti, y vienen de tus emociones, de tus pensamientos o de tu conducta, y desde ahí es desde donde es posible avanzar.

Este cuento de Jorge Bucay que se llama Obstáculos, refleja muy bien de lo que estamos hablando hoy:

“Voy andando por un sendero. Dejo que mis pies me lleven. Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorta la silueta de una ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae. Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad. Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos. Me imagino que todo eso está en esa ciudad.

Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa. Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso. Temo, dudo. Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras, decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto. Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando.

Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo. Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que está allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos. Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo y resisto.

Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado, descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños. Me siento abatido. Busco la manera de esquivarlo. No hay paso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca. No dejaré que el muro impida mi paso. Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire. De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad. Me recuerda a mí mismo cuando era niño.

Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja:

– ¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?

El niño se encoge de hombros y me contesta:

– ¿Por qué me lo preguntas a mí? Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras. Los obstáculos los trajiste tú”.

Así es, como cuenta la historia, muchas veces las dificultades las traemos nosotros mismos, siendo aquellos pensamientos, emociones y comportamientos que nos impiden avanzar… y es que como dice Marianne Williamson: “Nada te ata, excepto tus pensamientos. Nada te limita, excepto tus miedos.

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