Hoy vamos a hablar del poder que tienen las palabras, y es que a veces no nos damos cuenta de lo importante que son, puesto que las palabras crean realidades y es que el mundo no es como lo ves sino como lo nombras, aquello que tiene un significado para ti es aquello a lo que le pones nombre….

La importancia de las palabras

Por ejemplo, si a una persona positiva si le preguntas cómo ve el mundo, quizás te diga, lo veo con muchas oportunidades, divertido… y la misma pregunta a otra persona puede obtener la respuesta de… el mundo es un lugar peligroso, ¿no?

Y es que nuestras palabras existen no sólo en nuestra voz, cuando las decimos, sino también se originan en nuestra mente, allí son nuestros pensamientos y expresan sentimientos, ideas, temores y deseos. En nuestra mente empiezan a crear…o a destruir y, por consiguiente, no sólo son importantes las palabras que decimos en voz alta, las que nutren nuestros pensamientos, nuestra conversación interna, esas, son el origen de todo.

Si te dijéramos … a qué te suena el número 6.307.200 ¿Qué nos dirías?
Este número es el número de palabras que viaja por nuestro cerebro a lo largo de toda nuestra vida, es decir nuestro cerebro siempre está pensando, las 24 horas del día incluso cuando dormimos, y es que nuestro cerebro no para… es un estudio realizado por Luis Castellano filósofo y  pionero a nivel mundial en la investigación del lenguaje positivo… y para sacar esta cifra tomó la referencia de 150 palabras por minuto x 60 minutos x 24horas x 365dias x 80 años de vida… claro teniendo en cuenta una media de 80

Según sean estas palabras así estará formada nuestra vida… esto es así porque las palabras que elijes te abren o te cierran oportunidades, puesto que nuestro lenguaje es un reflejo de cómo pensamos, si nuestro lenguaje es derrotista, abatido, posiblemente nuestro pensamiento también lo sea, en cambio si nuestra forma de hablar es una forma constructiva y entusiasta nuestro pensamiento también será así…   esto pasa en nuestras relaciones, una palabra fuera de lugar puede crear un malentendido…

Y es que debemos tener en cuenta que el lenguaje no es inocente… en coaching hablamos siempre de preguntar a nuestros clientes que quieren decir con sus palabras, para así entender mejor la descripción de lo que nos estén contando y la conexión con su mundo emocional, porque no significa lo mismo por ejemplo la palabra lealtad para ti que para mí… dependiendo de la carga emocional que tenga para ti o para mi….

A veces hablamos mal o nos hablamos mal y no nos damos cuenta de que importante es esto… el cómo nos hablamos a nosotros mismos, y es que a menudo no nos escuchamos o nos dedicamos palabras feas, como “soy tonta”… “ ya me vale”, “nunca lo voy a conseguir”… y con esta forma de hablarnos nos hacemos daño, conseguimos frustrarnos y nos puede llevar a bajar la autoestima… en cambio, a los demás no se nos ocurriría decirles “ no lo vas a conseguir” “eres tonto..”… no? entre otras cosas porque no te lo consentirían… por tanto, ¿por qué lo consentimos con nosotros mismo? En lugar de decirnos, soy tonta… podría decir … hoy no me están saliendo las cosas bien… y con ello, estás ayudando a mejorar la percepción de ti, y es que, hemos aprendido a valorar a los otros, pero a nosotros mismos a veces, no sabemos darnos el valor que merecemos, y este dialogo interno que tenemos nos ayuda a construirnos o a destruirnos.

Y fíjate que interesante esto… porque si tenemos un lenguaje positivo este influirá en nuestras acciones y nos dará el impulso a actuar, por lo tanto, se trata de modificar de manera consciente y deliberada nuestro lenguaje, porque el lenguaje es acción. Y cambiando el lenguaje podemos influir, por tanto, en nuestra forma de pensar, y con ello a nuestro mundo emocional y nuestra manera de actuar…

Cómo podemos cambiar el lenguaje interno o externo

Tenemos que tener en cuenta primero los actos del habla, que son las acciones que hay en toda conversación, ya sea interna o con otros, y esto está formado por afirmaciones y por declaraciones.

Cuando hablamos de afirmaciones, nos referimos a que hay una realidad previa, es decir se basa en observaciones de algo que ya ha ocurrido, son, por tanto, descripciones del mundo que nos rodea y en el caso de las declaraciones, estaríamos hablando de juicios y estos pueden parecer afirmaciones, incluso se pueden confundir, pero en realidad son opiniones, así pues, es nuestra opinión subjetiva. Como podría ser el ejemplo de … hace mucho frio… si este juicio lo transformamos en una afirmación (un hecho) podríamos decir…. Hay 5º de temperatura. Tengo frío…

Y es que somos enjuiciadores, etiquetamos todo lo que observamos, e incluso, cuando estamos hablando, emitimos juicios sobre nosotros mismos. Y tanto los juicios que tenemos de los demás como de nosotros mismos condicionan la manera de relacionarnos, ya sea con nosotros mismos o con los demás.

Herramienta para cambiar las palabras

Un buen ejercicio sería el “cambio de etiqueta”, si por ejemplo pensamos que nuestro jefe, es un borde y no le gustamos, en primer lugar:

  • Analiza este juicio: ¿en qué me baso? Y sustituye el juicio en una afirmación… podría ser “mi jefe ayer no me escuchó cuando le pedí ayuda”
  • Buscar otras “explicaciones posibles” ¿qué otras interpretaciones hay? ¿es posible que esta persona actúe así por alguna otra razón?
  • Y, por último, con lo que te has respondido, observa si puedes cambiar la etiqueta… quizás ya no es Mi jefe es un borde y no le gustas, si no … ayer mi jefe no tuvo un buen día…

Palabras que nos condicionan

La palabra “pero” tiene el poder de eliminar todo lo que has dicho anteriormente, por ejemplo, si dices: has hecho un gran trabajo, pero te falta incorporar “tal cosa” aquí según está dicho la interpretación es “que he hecho un mal trabajo” pero si lo intercambias, diciendo “Te falta tal cosa, pero has hecho un gran trabajo” el resultado es totalmente diferente… y es que aquí la emoción cambia.

Igual que la palabra “culpa”, esta palabra tiene mucha carga negativa, y si en lugar de culpabilizarnos nos responsabilizamos, pues nos trataríamos con más respeto, y podemos permitirnos el seguir adelante e incluso aprender de lo que haya pasado.

La palabra “fracaso” nos paraliza muchas veces, es una palabra muy potente con un significado muy negativo, y nos ocurre que a veces no lo intentamos por no fracasar, por lo que en su lugar podríamos invertirlo y verlo como una oportunidad para cambiarlo…

Podemos probar a cambiar los “¿y si…? Negativos por los ¿y si…? Positivos…. Y es que la mayoría de las veces nos ponemos en lo peor de los casos… es como cuando haces la maleta y empiezas… ¿y si llueve? ¿y si hace frio?  tenemos momentos en el que nos decimos ¿y si…? ¿y si me echan del trabajo? ¿y si suspendo el examen…? ¿y si me dejan…? Y millones de  “y síes” que seguramente pocos se cumplirán…. ¿Podemos cambiar estos y sí…?  negativo por ¿y … si? Positivo… ¿y si me preparo el examen de manera diferente?…

También cambiar el condicional por el futuro, en lugar de decir… si tuviera tiempo libre viajaría, aquí parece un resultado hipotético, pero si dices: cuando tenga más tiempo libre, viajaré… aquí estás dando un futuro y transmites confianza.

Y proponemos por último utilizar el “todavía”, porque el todavía nos recuerda que nunca es demasiado tarde, y que tarde o temprano si te lo propones puedes conseguirlo, además es una palabra que transmite esperanza, voluntad de hacerlo y por tanto te transmite confianza…. No es lo mismo decir “no he ido nunca a París” a decir “todavía no he ido a París” …

Por tanto, la palabra tiene un poder transformador… y de nuestras palabras, de lo que nos decimos depende nuestro futuro. Nos quedamos con una frase que lo define.

“Tus creencias se transforman en tus pensamientos.
Tus pensamientos se transforman en tus palabras.
Tus palabras se transforman en tus acciones.
Tus acciones se transforman en tus hábitos.
Tus hábitos se transforman en tu carácter.
Tu carácter determina tu destino”

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