Actualmente hay recientes estudios en neurociencia que nos demuestran que podemos cambiar nuestro cerebro con sólo pensar, pero esto no siempre ha sido así, hasta hace unos años, la ciencia pensaba que únicamente era el propio cerebro el que sólo podía ejercer influencia sobre sí mismo… es decir que sólo el cerebro puede cambiarse a sí mismo.

Un neurocientífico, Pascual Leone, no creía que esto fuera así, él estaba convencido de que los pensamientos son capaces de cambiar la estructura física del cerebro… ¿qué hizo para probar esto? Realizó un experimento, en el que formó dos grupos de prueba e hizo grabaciones cerebrales de ellos…, ambos grupos estaban formados por participantes que jamás habían tocado el piano.

Les enseñó a ambos grupos una secuencia de tonos mostrándoles qué teclas del piano debían presionar. En los cinco días siguientes, el primer grupo de prueba lo que hacían era sentarse frente al piano durante dos horas cada día e imaginar que tocaba el piano, imaginándose las teclas que tenían que presionar para reproducir la secuencia de tonos.

El segundo grupo, estuvo tocando físicamente el piano, tocando la secuencia de tonos en el piano durante también dos horas al día y durante los mismos cinco días.

Finalizado los cinco días de estudio, Pascual Leone observó que los cerebros de ambos grupos habían cambiado de manera similar, tanto los que lo imaginaron y visualizaron a los que tocaron el piano físicamente. Es decir, era como si el ejercicio mental hubiera producido el mismo cambio físico en la estructura del cerebro que el ejercicio práctico real de tocar el piano.

Plasticidad del cerebro

Como demuestra el experimento de los grupos que tocaban ya sea mentalmente o físicamente el piano, los pensamientos dan forma y cambian la estructura del cerebro. Por tanto, si pensamos en pensamientos positivos, las células nerviosas se relacionan entre sí de manera diferente a si tenemos pensamientos negativos. Y cuanto más a menudo pensamos los mismos pensamientos positivos o negativos, más fuertes se vuelven estas conexiones.

Ahora, también es cierto que, cuanto más tiempo se mantengan los pensamientos negativos, más difícil será deshacerse de ellos. La buena noticia, sin embargo, y que ya os hemos ido adelantando en otros programas, es que, gracias a la alta plasticidad de nuestro cerebro, los contenidos de aprendizaje no deseados pueden ser reemplazados por otros nuevos. Si bien también es cierto que, cuanto más largo y profundo sea el contenido del aprendizaje no deseado almacenado, mayor será el esfuerzo a realizar para eliminarlo, al menos utilizando métodos desde el consciente.

Uno de los descubrimientos más importantes de la investigación cerebral es que podemos entrenar nuestro cerebro, podemos entrenarlo como un músculo.

Por tanto, los ejercicios mentales son muy útiles para aprender o desarrollar habilidades físicas con un esfuerzo mínimo y muchos atletas y músicos, entre otros lo utilizan, atletas que se visualizan haciendo una carrera, por ejemplo, visualizando obstáculos, viéndose, e incluso llegando a meta…

Y es que nuestro cerebro puede ser modelado fisiológicamente por el pensamiento… pero claro, nos preguntaremos ¿cómo es posible?  Y es que, para nuestro cerebro, pensar algo o hacerlo es prácticamente lo mismo, nuestra lógica evidentemente nos dice que nos es lo mismo pensar que actuar, pero para nuestro cerebro sí… nuestro cerebro no diferencia, para él, es lo mismo.

Si fuéramos conscientes de ello, qué útil nos sería, ¿no? y es que utilizando este poder del pensamiento podemos hacer que nuestra vida sea más placentera, y es que podríamos hacer frente al estrés, a los miedos, e incluso a ese dolor que es dependiente de nuestros pensamientos… A quién no le duele la cabeza, por ejemplo, por un problema, por estrés, por una preocupación….

 

Atención en el dolor físico

Según los estudios de la neurociencia, si llevamos nuestra atención a un dolor del cuerpo, es decir lo sentimos… lógicamente porque tenemos ese dolor en el cuerpo … pero además le prestamos atención, por lo que hacemos que ese dolor exista,  y con ello los circuitos del cerebro que perciben el dolor se activan eléctricamente, entonces si llevamos nuestra atención a otra cosa, no al dolor, los circuitos del cerebro que procesan el dolor y las sensaciones corporales pueden desactivarse y de repente el dolor desaparece… pero en el momento en que te das cuentas y observas el dolor para comprobar si sigue, los circuitos del cerebro se vuelven a activar y haciendo por tanto, que vuelva el dolor…. Y esto seguro que nos ha pasado a todos, de dolerte algo, quitarle la atención porque te has distraído y al rato al pensar que ya no te duele, te ha vuelto el dolor.. ¿no te ha pasado alguna vez? A mí siempre me viene a la cabeza, cuando era pequeña, una tarde que me dolía mucho la cabeza, salí con mis padres y mis hermanos y mi hermano me dijo de jugar al futbolín… pues fueron 5 minutos pero cuando terminamos recuerdo perfectamente que no tenía dolor de cabeza… y me sorprendí… porque lo único que había hecho fue quitarle la atención y enfocarla en otra cosa, al juego en este caso….

¿Predisposición genética?

Como hemos dicho, lo que experimentamos y vivimos, forman nuestras creencias, y por lo tanto, nuestra forma de pensar, y esto es así, la predisposición genética es importante, pero nuestro subconsciente tiene un papel decisivo también para nuestra forma de pensar.

Todos somos consecuencia de la suma de patrones de pensamientos y comportamiento, y al cerebro realmente no le importa si estos patrones son buenos o malos, correctos o incorrectos, es más, el cerebro siempre va a querer ahorrar energía por lo que usará su poder para hacernos vivir de acuerdo a los patrones actualmente almacenados en el subconsciente… por ejemplo, imagínate un niño que continuamente se le dice que no va a conseguir nada, que es un desastre, que no escucha… etc.. este niño desarrollará patrones de pensamientos y comportamientos diferentes a un niño que se le diga que va a conseguir lo que se proponga, que se le anime positivamente.

Igual que un adulto al que su jefe le dice que no es válido para el trabajo, este desarrollará patrones de pensamientos y comportamientos diferentes a aquel adulto que se siente apoyado…

Por tanto, los pensamientos surgen de fuera, como de experiencias, conversaciones, situaciones… pero también de ideas propias, por tanto, es importante que nos hagamos cargo de ello para poder hacer cambios en nuestro cerebro.

Para que seamos conscientes de lo que nos afecta el pensamiento a nuestro cerebro y cuerpo, si piensas en una situación desagradable, veras como estos pensamientos negativos afectan a tu cuerpo, y es que en el mismo momento en el que lo piensas, quizás surja un nudo en el estómago, quizás tu corazón lata más deprisa, o te sudan las manos, el cuerpo se tensa…. Y si piensas en una situación feliz o agradable, y te recreas pensándolo y además lo observas en tu cuerpo, igual sientes que tu corazón va más despacio, que tu cuerpo se suelta, quizás hasta te surja una sonrisa…

Y es que, es muy importante lo que nos decimos a nosotros mismo y tomar consciencia de nuestros pensamientos y no dejar que sucedan de manera automática.

Podríamos, aprender a entrenar nuestros pensamientos de una manera positiva imaginándonos como queremos que sea nuestra vida, experimentando esta idea tantas veces como sea posible, e imaginando como se hacen nuevas conexiones en nuestro cerebro…

Los descubrimientos de la neuroplasticidad nos muestran de lo que es capaz nuestro cerebro, y uno de los descubrimientos más importantes es que no sólo el comportamiento conduce a un cambio en la estructura del cerebro, sino viceversa, la estructura del cerebro puede causar un cambio en el comportamiento.

Así que, os animamos a que uséis el poder de los pensamientos, a que os convirtáis en los entrenadores de vuestros cerebros y así conseguir una vida más plena y mejor.

 

 

 

 

 

 

 

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