Comenzamos el año con la creación de nuevos propósitos y hablando de cómo desde la visualización podíamos sentir que ya lo habíamos conseguido para comenzar a dar pasos hacia ellos… pues bien, hoy vamos a ayudaros a crear un hábito, una rutina que nos haga más fácil este propósito y que nos ayude el conseguir ese cambio deseado.

Primero vamos a entender qué es un hábito, y es que un hábito es una rutina que se practica con regularidad, es decir una conducta que se ha repetido tantas veces que resulta automática. Claro que a veces los hábitos tienen dos caras, puesto que los malos hábitos pueden dañarte tan fácilmente como los buenos hábitos pueden complementarte, por eso es importante entender los detalles…entender cómo funcionan los hábitos para que puedas diseñarlos según sea lo que necesites.

 A veces nos pasa que nos centramos en las metas y surgen muchos problemas cuando estás dedicando mucho tiempo a pensar en tus metas en lugar de dedicar el tiempo a diseñar tu manera de llegar a ellos.

¿Por qué es tan fácil repetir una y otra vez los malos hábitos y por el contrario cuesta tanto crear una buena rutina?

Esto nos pasa, comenzamos el año con propósitos muy buenos y reales para nosotros como comer sano, hacer deporte, meditar… y esto lo hacemos realmente convencidos de que queremos hacerlo pero en ocasiones al cabo de un par de semanas se nos hace difícil y cuesta arriba… en cambio, comer comida basura, fumar, acostarse tarde…, esos hábitos menos buenos parece que nos sale de manera natural y nos cuesta cambiarlos, y es que cambiar los hábitos es difícil porque a veces tratamos de cambiar las rutinas de una manera equivocada, esto lo explica muy bien James Clear en su libro “hábitos atómicos”, en el que explica que es muy difícil cambiar de hábitos si no cambias las creencias que hay por debajo de esos hábitos, esas creencias que a su vez te llevan a la conducta que quieres cambiar.

Como todo cambio conlleva un proceso, por tanto, el cambio es poco a poco, y la mejor manera de incluir una rutina en ti es primero decidiendo qué tipo de persona quiero ser, preguntándote:  ¿quiero ser una persona más saludable? ¿quiero ser una persona más deportista? ¿más tranquila? ¿más alegre?

Pregúntate también: ¿qué valores vas a honrar? ¿en qué quieres convertirte?

Y luego una vez que sabes qué tipo de persona quieres ser, demuéstratelo a ti mismo mediante pequeñas victorias…

Es decir, en lugar de, por ejemplo, voy a hacer deporte, retrocede un instante y piensa ¿para qué quieres hacer deporte? Para adelgazar, para estar en forma, para sentirme bien… entonces ¿qué tipo de persona puede estar en forma? Y cada vez que vaya a hacer algo por ejemplo subir las escaleras o coger el ascensor, piensa ¿Qué haría una persona que esté en forma? Y así poco a poco se van consiguiendo incorporar rutinas en tu día a día para conseguir estar en forma…

¿Por qué actuamos como actuamos?

Actuamos de una determinada manera porque queremos resolver un problema, sea de manera consciente o inconsciente, y son hábitos que lo hacemos de manera rutinaria,  por ejemplo, en mi caso me levanto por la mañana, y lo primero que hago es tomarme un café porque tengo la creencia en mí que el café me mantiene despierta y me ayuda a comenzar el día con la energía que necesito, por tanto el café está asociado en mí con el despertar, es un hábito que lo hago ya de manera rutinaria, y en realidad es un mal hábito… por tanto, para incorporar hábitos saludables en mi vida, es decir para incorporar nuevos hábitos primero tenemos que ser capaces de ver cuáles son nuestros hábitos.

Cómo incorporar nuevos hábitos

Es muy recomendable llevar un Registro de hábitos, esto es una herramienta muy fácil que te ayuda a ser más consciente de lo que haces en tu día a día, es hacer una lista de hábitos diarios, por ejemplo, me levanto, apago el despertador (quizás lo apagues varias veces), cojo el teléfono y miro el correo, los WhatsApp o las redes sociales, me doy una ducha, desayuno café y tostadas, me lavo los dientes… y así con todo lo que hagas.

Una vez que tengas la lista hecha, es bueno que analicemos si es un buen habito o por el contrario es un mal hábito… es cierto que no es que sea un mal hábito, sino que a ti no te beneficia, al menos para conseguir un fin… es decir aquellos hábitos que entran en conflicto con la persona que quieres ser… por ejemplo, si desayuno café y tostadas con mantequilla y quiero ser una persona más saludable, quizás este hábito para mí no es bueno…

Una de las maneras para desarrollar un nuevo hábito es identificando el hábito que ya realizas a diario para añadir tu nuevo habito sobre el que ya tienes, esto se llama Acumulación de hábitos, en lugar de buscar un tiempo y un lugar para tu nuevo hábito, lo relacionamos con el que ya tengo.

Este método fue creado por BJ Fogg en su programa de “la receta de los Pequeños hábitos”, y él dice que la mejor fórmula de esta estrategia es: “Después de (un hábito que tengamos) haré (el nuevo hábito). Por ejemplo, si quieres incorporar la meditación y planificar tu agenda del día puedes plantearte: después de desayunar, que es tu hábito ya adquirido, ese que ya tienes, meditaré 5 minutos, después de meditar 5 minutos leeré los mails que tengo, después de leer mi correo o WhasApp, prepararé mi agenda del día, después de preparar mi agenda del día … continuo con la ducha… con aquellos hábitos que ya tengo…

Ahora, también es muy importante que cuando crees esta estrategia tengas muy en cuenta dónde y cuándo vas a añadir tu nuevo hábito en tu rutina diaria, porque si por ejemplo tienes niños y por las mañanas les preparas para ir al cole, hay jaleo en casa y son mañanas algo estresantes, igual no es el mejor momento para introducir la meditación, es importante no tratar de incorporar un hábito en un momento que sabes que va a ser difícil…

Hacer los atractivos los hábitos

Los hábitos son atractivos cuando los relacionamos con sentimientos buenos para nosotros, por tanto, podemos hacer que los hábitos difíciles sean más atractivos si lo asociamos con experiencias positivas, si quieres salir a correr por la mañana, en lugar de decir “Tengo que salir a correr por la mañana” como una obligación, puedo decirme “voy a empezar el día de una manera activa, sintiendo mi cuerpo, corriendo…”  a ver esto lógicamente no es fácil, pero se trata de ver lo positivo de lo difícil, en definitiva, de encontrar la motivación que a ti te ayuda.

Quizá te estés preguntando…. Entonces … si quiero eliminar un mal hábito tendría que ver lo negativo de ese hábito?

Pues bien, más que ver lo negativo, sería ver los beneficios que ganas al evitar tu mal hábito, si tu habito de por la mañana es nada más sonar el despertador coger el móvil y leer todos tus mensajes, tus correos y con ello lo que consigues es levantarte mal, con estrés del día que comienza… puedes replantearte este hábito pensando los beneficios positivos de no hacerlo, quizás para ti sea ganar esos minutos para simplemente agradecer el nuevo día, empezar más tranquila, para respirar, para meditar, para darte una ducha más larga… lo que sea, aquello que ganas quitando ese mal hábito que hace que comiences el día mal.

No hay un tiempo concreto que se pueda establecer para generar un hábitos, más bien depende de cuantas  veces repitas ese hábito, cuantas más lo hagas más cambiará la estructura cerebral, y es que, con cada repetición, el envío de señales de una célula a otra mejora y se fortalecen, como dice la Ley de Hebb “las neuronas que se encienden juntas, se mantienen conectadas” … hay estudios neurológicos que hablan del aumento de la materia gris, cada vez que repetimos una acción, estamos activando un circuito neuronal que está asociado a ese hábito. Por tanto, no se trata de tiempo, sino de cuantas veces tengo que repetir un hábito para desarrollarlo, para que se vuelva automático… y esto ya depende de cada uno, de la frecuencia con la que lo realices.  Por tanto, para que lo realicemo

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