Felicidad

Hoy vamos a hablar de la felicidad, pero vamos a darle un sentido dentro de la neurociencia, de cómo actúa nuestro cerebro.

De todos los sentimientos que conocemos, seguramente la felicidad sea el que más deseamos ¿verdad?

Podríamos comenzar con ¿qué es para cada uno de nosotros la felicidad? ¿es el amor? ¿es el dinero, el poder? ¿es el estar continuamente riéndote? ¿el no tener problemas?  Y es que no existe una definición única porque para cada uno de nosotros es diferente el concepto o la sensación de felicidad.

El investigador del cerebro Prof. Dr. Manfred Spitzer lo explica así: “nuestro cerebro no está construido para ser constantemente feliz, pero es adictivo en la lucha por la felicidad”.

No hay una definición neurobiológica que describa la felicidad, pero en lo que todos coinciden es que la felicidad es un estado de ánimo en el que se siente satisfacción al disfrutar de algo que consideramos bueno. Es decir, se trata de una construcción en el cerebro humano y no depende solo de las circunstancias, si no de que la actitud que tomas antes estas circunstancias y ante la vida. Como dijo Dale Carnegie “la felicidad no depende de quién eres o qué tienes. La felicidad depende sólo de lo que piensas”.

¿Cómo actúa el cerebro?

Durante muchos años, los investigadores del cerebro de todo el mundo han investigado sobre cómo encontrar la felicidad. Han hecho pruebas, en ratas, han examinado los cerebros en escáneres cerebrales y han hecho una serie de descubrimientos. y si bien, aún no se conocen todos los detalles, si se sabe cómo y dónde se desarrolla la felicidad en nuestro cerebro y qué áreas de nuestro cerebro están implicadas.

Los resultados de estas investigaciones son impresionantes… y nos muestran que hay una especie de mecanismo de felicidad en nuestro cerebro que comienza en el instante en que nos movemos o proyectamos a obtener una posible gratificación o experiencia positiva.

Uno de los descubrimientos más importantes de la investigación cerebral es que podemos entrenar nuestro cerebro, podemos entrenarlo como un músculo, por tanto, si podemos entrenar nuestro cerebro, podríamos preguntarnos ¿podemos entrenar la felicidad? Y la respuesta es SI.

Como decimos, nuestro cerebro está cambiando constantemente. Cada pensamiento, cada acción lleva a la creación o modificación de nuevas conexiones entre nuestras células cerebrales. Cuanto más pensamos en momentos felices, más felices estamos. Por tanto, no son sensaciones de felicidad que vienen desde fuera, sino más bien son sentimientos que surgen desde dentro de nosotros gracias a nuestros pensamientos y acciones. …. Porque, los pensamientos asociados a una emoción liberan una sensación a nuestro cuerpo, asi que cualquiera que busque la felicidad y el sentido de la vida tiene que buscarla en sí mismo, porque no la vamos a encontrar en los demás, ni en cualquier otro lugar. Como dijo Albert Einstein “quien no ve el sentido de la vida no sólo es infeliz, sino difícilmente capaz de vivir”.

Y aunque en un principio sonaría muy bien entrenar el cerebro para ser felices siempre lo cierto es que podríamos entrenar a nuestro cerebro para ser feliz, pero no de una manera permanente, porque el hecho de que no estemos todo el tiempo felices ni eufóricos, es un mecanismo de nuestro cerebro que nos protege de adicciones obsesivas, que nos podrían llevar al desgaste y agotamiento, y por otro lado nos permite evolucionar y mejorar, porque si estuviéramos eufóricos toda la vida nada nos animaría a seguir investigando y creciendo…

Disposición genética

La investigación cerebral demuestra que existe cierta disposición genética para que alguien sea o se incline hacia una personalidad feliz y optimista  y que otra persona tienda a una personalidad infeliz y pesimista… y es que la actividad de ciertas áreas de nuestro cerebro influyen en el estado de ánimo…Las personas cuya actividad en el lóbulo frontal izquierdo es más alta que la del derecho tienen sentimientos más optimistas, mientras que las personas que tienen mayor actividad en el lóbulo frontal derecho son más pesimistas y tienden a tener sensaciones desagradables.

La buena noticia, como decíamos, es que podemos influir y cambiar los patrones de actividad del cerebro a través del entrenamiento, así que, podemos conseguir tener mayor actividad en lóbulo frontal izquierdo!

Para ello podemos incidir en varios factores, empezando con la alimentación, y es que los procesos bioquímicos en nuestro cerebro están influenciados por la dieta… y esto es gracias a la serotonina. La serotonina produce placer en la sociabilidad, reduce la sensibilidad al dolor, ayuda con el sueño y nos da sensación de satisfacción. Y podemos conseguir que nuestro cuerpo produzca serotonina ingiriendo la mayor cantidad posible de triptófano con nuestros alimentos. Esto podemos encontrarlo, por ejemplo, en los filetes de pechuga de pollo, en el salmón, en los huevos, la leche, en las nueces, plátanos, maíz y arroz integral…

También a través del deporte, todos conocemos el dicho “mens sana, in corpore sano” (mente en cuerpo sano) , y es que a través del movimiento no sólo mantenemos nuestro cuerpo en forma, sino también nuestro bienestar mental y nuestro sentimiento de felicidad. El ejercicio relaja, la circulación se pone en marcha y nuestro cerebro está mejor provisto de nutrientes y oxígeno.

Hemos dicho, alimentación y deporte y a esto le añadimos la meditación, porque la meditación no sólo puede proporcionar una relajación temporal pasajera, sino que, a largo plazo, podría ser el mejor remedio para evitar y tratar los sentimientos destructivos… hay muchos estudios que demuestran esto.

Además, para animarnos a ampliar la actividad del lóbulo frontal derecho os vamos a decir también que los optimistas viven y tienen más éxito!

Hay un estudio realizado en la Mayoklinik, Rochester, que muestra que los optimistas viven más tiempo que los pesimistas. Lo que hicieron en este estudio para llegar a esa conclusión, fue seleccionar a 800 pacientes menores de 40 años y les sometieron a una serie de pruebas. Una de las pruebas determinó el grado de optimismo. Años más tarde, cuando habían fallecido aproximadamente una cuarta parte de los pacientes observaron que los optimistas, entre los pacientes que habían fallecido, habían vivido un promedio de un 19% más que los pesimistas. Y es que el pesimismo constante, altera nuestro sistema nervioso, el sistema inmune y el endocrino y esto lleva a un desequilibrio hormonal que puede terminar en depresión u otros trastornos psicoemocionales.

Los pesimistas tienden a creer que sus problemas o preocupaciones nunca terminarán. Los optimistas por otro lado, tienen la habilidad de reconocer que una experiencia negativa es temporal y no la transfieren a otras áreas de su vida. Con lo cual, ello hace que sigan intentándolo o viendo la manera de conseguir su objetivo, lo que se traduce en ese tener más éxito que comentábamos antes.

Por tanto, nuestra recomendación es que te sientes unos minutos y reflexiones sobre ¿qué es la felicidad para ti? Y con ello que le des un significado, redefiniéndolo y siendo consciente de que la felicidad viene de dentro… recuerda que ahora sabemos que podemos modificar los patrones de actividad del cerebro a través del ejercicio, de la alimentación, y la relajación entre otras…

 

 

 

 

 

 

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