Hoy vamos a hablar de la meditación desde un punto de vista biológico, es decir vamos a hablar de la neurociencia de la meditación y es que la neurociencia ha llegado a demostrar que sólo por el hecho de observarnos, el cerebro ya empieza a cambiar.

Es decir, cuando las personas cambian su actitud, su forma de mirar las cosas, la mente tiene una influencia sobre el cerebro y sobre el resto del cuerpo.

MINDFULNESS = ¿MODA?

Puede que ahora escuchemos mindfulness por todos los sitios, y que nos parezca que es una moda…. pero si tenemos en cuenta que lleva más 2500 años… seguro que no lo vemos tan de moda… y es que, se han encontrado restos arqueológicos de personas, sentadas en postura meditativa con los ojos semiabiertos, que demuestran que la meditación ha acompañado al ser humano incluso antes de la aparición de Buda.

Pero si… Es cierto que se asocia mucho a Oriente porque se ha popularizado mucho con el budismo y, especialmente, con el tibetano, pero realmente lo tenemos en todas las tradiciones… en la religión cristina, teníamos a Santa Teresa de Jesús que ya nos hablaba de la “loca de la casa” para referirse esa parte de nuestro discurso interno que no nos resulta útil.

Sin embargo, si es cierto, que, según las estadísticas, que es ahora, en este momento de la historia donde más gente medita, y es que la meditación está experimentando un crecimiento espectacular y probablemente, esto se deba a que no se trata de una técnica, sino que meditar es una capacidad intrínseca del ser humano.

Objetivo del mindfulness

El objetivo de los ejercicios de la atención plena no consiste, en cambiar las cosas y las propias situaciones, sino en cambiar la percepción de las mismas. Cuando cambiamos la percepción, surgen oportunidades para cambiar los pensamientos y las acciones, y con ello podemos tener una influencia directa sobre nosotros mismos y sobre el mundo exterior. Se trata, por tanto, de una manera de cambiar la relación con lo que nos sucede por otra mucho más sana y adaptativa pudiendo ejercer la libertad de elegir una u otra respuesta en lugar de actuar de forma automática. Porque… ¿Cuántas veces reaccionamos sin pensar y de manera automática ante ciertas situaciones sin elegir la respuesta?

En el proceso de meditación nos convertimos tanto en observador, como en el observado, somos, para entenderlo podríamos decir, que por un lado somos el actor y, por otro lado, también somos el espectador. Y es que, como espectador, puedes observarte, te das cuenta de qué estás pensando, de que estás sintiendo, por ejemplo, un cosquilleo en alguna parte de tu cuerpo, eres consciente de tus ruidos mentales…, realmente, esto para el cerebro es un proceso que es muy complejo, pero, a la vez, es un proceso muy natural y, como decimos…  sólo por haberte observado a ti mismo, empiezan a cambiar diferentes partes del cerebro.

Esto es lo que se llama Neuroplasticidad, que es esa capacidad del cerebro de autoesculpirse, como dijo Santiago Ramón y Cajal, nuestro premio nobel: “todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro” y esto de autoesculpirse se fomenta al entrenar la mente con la meditación de una forma que pueda ser más capaz, más atenta, puede tener más atención sobre lo que estamos trabajando pensando y sintiendo, lo que se traduce en una mejor gestión de las emociones. Así lo que conseguimos, no es que el cerebro se invente circuitos nuevos, sino que se refuercen al entrenar la atención en observarnos a nosotros mismos.

Es como si observaras tus propios pensamientos y sentimientos desde otro lugar, en Las meditaciones de atención plena se traslada la perspectiva mental hacia el propio ser, por lo que uno es capaz de observar sus pensamientos y sentimientos con una cierta distancia. De esta manera es más fácil lidiar con el estrés, la ansiedad y los sentimientos desagradables como la tristeza o la sensación de inferioridad.  Y esto es real, hay investigaciones a diferentes grupos de pacientes, en los que los efectos terapéuticos de practicar meditación han dado resultados sorprendentes.

Cómo actúa el cerebro en la meditación

Cuando nosotros estamos meditando se producen muchos cambios en lo que es la corteza cerebral, especialmente por la parte delantera, que sería la corteza prefrontal … esta es la parte del cerebro más compleja, la última en la evolución, porque es la parte del cerebro que está procesando las cosas conscientes, es decir, cuando yo soy consciente de algo lo procesa nuestra corteza, por ejemplo, cuando vemos una imagen hasta que no llega a la corteza no soy consciente de que estoy viendo esa imagen, es, en ese momento, cuando llega cuando soy consciente de ella.

Pero no sólo cambia la corteza sino que, también, cambian todas las estructuras que están mucho más profundas del cerebro que  son las partes que gestionan la información que no es consciente:  como, por ejemplo, todas las emociones, al producirse cambios en  el hipocampo que es la zona del cerebro relacionada con  la memoria y el aprendizaje, también cambia la amígdala que es una zona del cerebro que es como una almendra pequeñita pero qué es la más importante para la gestión de las emociones, por eso, siempre decimos en meditación que pasamos de reaccionar a responder que es muy diferente, y en esa habilidad de responder de manera consciente a lo que nos pasa en lugar de reaccionar, está involucrada la amígdala, que se hace más pequeñita cuando meditamos.

Asimismo, la zona del cerebro que más trabajamos cuando estamos haciendo meditación es la corteza cingulada que tiene forma de una especie de paraguas, que está situada por encima de la amígdala y cuya función es la de pasar de lo consciente a lo inconsciente y de lo inconsciente a lo consciente,  es una especie de interruptor que te dice: “ahora estás en el presente”, “ahora te has ido”, “ahora estás en el presente” “ahora te has ido” y es también la que integra todas las sensaciones del cuerpo.

Estudios neurocientíficos

Hay muchos estudios científicos que demuestran que la práctica de meditación produce cambios estructurales y funcionales en el cerebro.

Hay unos estudios que hicieron en la universidad de Texas que revelaron que a los 5 días de empezar a meditar ya se empiezan a producir cambios en el cerebro.

También en 2011, el equipo de Sara Lazar en la Universidad de Harvard demostró cómo la práctica meditativa y el mindfulness podían cambiar la estructura del cerebro. Después del programa Mindfulness Stress Reduction de ocho semanas, se observó un engrosamiento del hipocampo y en otras áreas de importancia para la regulación emocional y el procesamiento autorreferencial.

En la Universidad de Kentucky un estudio demostró un incremento considerable de la velocidad de respuesta del cerebro tras 40 minutos de meditación y En la Universidad de Massachusetts se demostró que practicar durante 8 semanas puede provocar considerables cambios en las regiones cerebrales relacionadas con la memoria, la autoconsciencia, la empatía y el estrés.

Incluso, en el 2004 en Dharamsala, que está en India, tuvo lugar una conferencia en la que hubo una conversación entre el estadounidense neuropsicólogo y especialista en meditación de atención plena, Richard Davidson y el Dalai Lama. Y Richard, en esa conferencia, le dijo al Dalai Lama que, debido a esta evidencia neurológica, los meditadores se vuelven con el tiempo más optimistas y se sienten más satisfechos después de su entrenamiento mental, incluso en los momentos en que no estén meditando…  por tanto, dijo “Quien practique la meditación consciente, será cada vez más feliz”… La felicidad y la satisfacción, por lo tanto, se pueden aprender.

Podríamos resumir diciendo de que sólo por el hecho de mirar hacia dentro, de observarte a ti mismo y familiarizarte contigo, todo el cerebro empieza a cambiarse y al cambiar la estructura del cerebro, con lo cual tenemos mayor capacidad de atención, mayor capacidad de memoria, mayor capacidad de concentración, mayor capacidad de tomar decisiones e incluso de resolución de los conflictos, porque se desarrolla la capacidad de empatía, cooperación y apoyo.

Como reveló un estudio llevado a cabo en la prisión de máxima seguridad en Alabama con reclusos que constató un importante descenso en la conflictividad en los reclusos, gracias a un programa de meditación. La práctica regular dio lugar, además, a la aparición de sentimientos de cooperación y mutuo apoyo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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