«Como vives, respiras y así como respiras, vives»

En la India, se suele decir que la duración de la vida de una persona está predeterminada por el número de respiraciones que hará a lo largo de su vida. Cuanto más lenta y profundamente aprendamos a respirar, más y mejor viviremos.

La mayoría de las personas utilizan sólo una parte de su capacidad pulmonar para la respiración, respiran de un modo superficial, casi sin expandir la caja torácica, inspirando así poco oxígeno. Al practicar yoga aprendemos a utilizar el 100% de la capacidad pulmonar logrando aumentar además el nivel de oxígeno en sangre y cerebro y, por tanto, ampliamos también el nivel de energía.

El proceso respiratorio guarda conexión directa con el sistema nervioso central, además de ser el proceso más vital, puesto que, si no respiramos, morimos. Al activar el sistema nervioso parasimpático nos inducimos a la calma, cuando activamos el sistema nervioso simpático con algún pranayama determinado conseguimos activarnos (Kapalabati)

En yoga la consciencia de la respiración debe ser constante, y cuando se mantiene una postura o asana, desde la mente se lleva la atención a la respiración.
Precisamente, lo que hace diferente una postura física de un asana es la conexión entre el cuerpo, y la mente, la consciencia de percibir cada movimiento, cómo se sitúa cada articulación de tu cuerpo en el asana y cómo tú regulas hasta dónde quieres llegar escuchando tu cuerpo, acompañado todo esto de la respiración, ayuda a la mente a enfocarse, a abrirse, a gestionar mejor las emociones, ya que estas afectan directamente a la respiración. Cuando sentimos estrés la respiración se vuelve rápida, sin embargo, cuando experimentamos calma, la respiración se vuelve tranquila y suave. Al coordinar concentración, propiocepción (saber cómo está colocadas cada una de las articulaciones de nuestro cuerpo en el espacio que ocupamos) y respiración, la práctica te permite un conocimiento preciso de ti mism@ y especialmente de tu respiración.

Cuando controlas la respiración tú asumes el control de tu mente y tus emociones. Permitir que en los asanas la respiración fluya naturalmente consigue que se desbloqueen las emociones desagradables que se van quedando en el cuerpo atrapadas, ya que, al inhalar, estiras y creces creando espacios y cuando exhalas sueltas y liberas, dejando ir lo que no necesitas. Así es cómo la respiración influye en cómo te sientes.

Según el yoga la energía que necesitan nuestro cuerpo y nuestra mente para vivir en un 80% lo obtenemos de la respiración y en menor medida del sol, la alimentación y el agua. En la práctica del yoga existen diversos pranayama: en sánscrito la palabra Prana significa energía vital y Yama es expansión, dominio, control, así los pranayama son los ejercicios de respiración en los que se busca el control y expansión de la energía vital.

Namaste

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